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____________________ M U S I C A _____________________EXTRECHINATO Y TÚ: "Tres puertas" (Poesía básica, 2001) EXTRECHINATO Y TÚ: "Abrazado a la tristeza" (Poesía básica, 2001) EXTREMODURO: "La vereda de la puerta de atrás" (Yo, minoría absoluta. 2002) OJOS DE BRUJO: "Tiempo de soleá" (Barí, 2002) METALLICA: "Master of puppets" (M. y la Sinfónica de San Francisco, 1999)
Cito un pedacito-¿Por qué no tiene que haber tantos mundos reales como mundos imaginarios? ¿Por qué un solo mundo real, por qué semejante excepción? A decir verdad, el mundo real, entre todos los mundos posibles, es impensable salvo como superstición peligrosa. Debemos distanciarnos de él de la misma manera que el pensamiento crítico se distanció hace tiempo (¡en nombre de lo real!) de la superstición religiosa. ¡Pensadores, un esfuerzo más! (...) La realidad es una ilusión, y cualquier pensamiento debe intentar fundamentalmente desenmascararla. BAUDRILLARD, Jean. El crimen Perfecto. Anargama, Barcelona, 1996 (Págs. 134 y 137)
-No sabemos todavía de dónde procede el impulso hacia la verdad, pues hasta ahora solamente hemos prestado atención al compromiso que la sociedad establece para existir: ser veraz, es decir, utilizar las metáforas usuales; por tanto, solamente hemos prestado atención, dicho en términos morales, al compromiso de mentir de acuerdo con una convención firme, mentir borreguilmente, de acuerdo con un estilo vinculante para todos. Ciertamente, el hombre se olvida de que su situación es ésta; por tanto, miente de la manera señalada inconscientemente y en virtud de hábitos seculares —y precisamente en virtud de esta inconsciencia, precisamente en virtud de este olvido, adquiere el sentimiento de la verdad—.
NIETZSCHE, Friedrich. Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. Valencia, Revista Teorema, 1980 (Pág. 10)
-La exhibición de la mentira en el arte, es decir, el encubrimiento fingido que exige al espectador que siga el juego y que sea consciente de él, funciona para mentir más sutil y profundamente, tan sutil y profundamente que alcanza la verdad: la verdadera mentira, la verdad del carácter ficticio, provisional y puramente poético de toda constitución de sentido.
GIVONE, Sergio. Desencanto del mundo y pensamiento trágico. Visor Distribuciones, Madrid, 1991 (Págs 45-46)
-Dependemos de los objetos técnicos; nos desafían incluso a su constante perfeccionamiento. Sin darnos cuenta, sin embargo, nos encontramos tan atados a los objetos técnicos, que caemos en relación de servidumbre con ellos.
(...) Podemos decir “sí” al inevitable uso de los objetos técnicos y podemos a la vez decirles “no” en la medida en que rehusamos que nos requieran de modo tan exclusivo, que dobleguen, confundan y, finalmente, devasten nuestra esencia. (...) [Así] Nuestra relación con el mundo técnico se hace maravillosamente simple y apacible. Dejamos entrar a los objetos técnicos en nuestro mundo cotidiano y, al mismo tiempo, los mantenemos fuera, o sea, los dejamos descansar en sí mismos como cosas que no son algo absoluto, sino que dependen ellas mismas de algo superior. Quisiera denominar esta actitud que dice simultáneamente “sí” y “no” al mundo técnico con una antigua palabra: la Serenidad (Gelassenheit) para con las cosas. HEIDEGGER, Martin. Serenidad. Barcelona, Ediciones del Serbal, 1988 (Págs. 26 y 27)
-En el fondo, sucede con el sentido como con la mercancía. Le fue suficiente al capital con producir unas mercancías, pues el consumo funcionaba solo. Hoy en día hay que producir a los consumidores, hay que producir la demanda misma y esa producción es infinitamente más costosa que la de las mercancías. (...) No se trata ni siquiera de producción de lo social, pues entonces el socialismo sería suficiente para ello, y hasta el propio capitalismo. De hecho, todo cambia con la precesión de la producción de la demanda sobre las mercancías. La relación lógica (de la producción al consumo) está quebrada, y estamos del todo en otro orden, que ya no es ni de producción, ni de consumo, sino de simulación de una y otro gracias a la inversión del proceso. BAUDRILLARD, Jean. Cultura y Simulacro. Akal, Barcelona, 2005 (Págs. 132 y 133)
-Toda la vida de las sociedades en las que dominan las condiciones modernas de producción se presenta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que era vivido directamente se aparta en una representación. Las imágenes que se han desprendido de cada aspecto de la vida se fusionan en un curso común, donde la unidad de esta vida ya no puede ser restablecida. La realidad considerada parcialmente se despliega en su propia unidad general en tanto que seudo-mundo aparte, objeto de mera contemplación. La especialización de las imágenes del mundo se encuentra, consumada, en el mundo de la imagen hecha autónoma, donde el mentiroso se miente a sí mismo. El espectáculo en general, como inversión concreta de la vida, es el movimiento autónomo de lo no-viviente. (...) El espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizada por imágenes. DEBORD, Guy. La sociedad del espectáculo. Champ Libre, 1967 (Cap.1, puntos 1 a 4)
-Nuestra sociedad no es la del espectáculo, sino de la vigilancia; bajo la superficie de las imágenes, se llega a los cuerpos en profundidad; detrás de la gran abstracción del cambio, se persigue el adiestramiento minucioso y concreto de las fuerzas útiles; los circuitos de la comunicación son los soportes de una acumulación y de una centralización del saber; el juego de los signos define los anclajes del poder. (...) No estamos ni sobre las gradas ni sobre la escena, sino en la máquina panóptica, dominados por sus efectos de poder que prolongamos nosotros mismos, ya que somos uno de sus engranajes. FOUCAULT, Michel. Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión, Madrid: Siglo veintiuno de España, 1992 (Pág. 221)
-Las tecnologías de la información han provocado la corrupción de la experiencia directa del mundo, abocándonos a un nuevo estadio epistemológico: la cuestión de representar la realidad deja paso a la construcción de sentido. (...)La tecnología, por consiguiente, se evidencia no tanto como un sistema de valores en sí mismo, sino como un instrumento al servicio de ese sistema de valores. FONTCUBERTA, Joan. Ciencia y fricción. Fotografía, naturaleza, artificio. Murcia: Mestizo, 1998 (Págs.19 y 20)
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